Os proponemos tener un tiempo de oración y reflexión, teniendo en cuenta los artículos de este mes. Por un lado, la acción valiente y solidaria de Kristine Tompkins, con la COP 30 de fondo y nuestro deseo de avanzar hacia el cuidado de la Tierra y de toda vida que habita en ella. Pensados como salmo y cántico de alabanza por la Creación y una petición ferviente por la justicia climática y social.
Antífona: Bendito sea el corazón que no se rinde, y las manos que sanan la herida de la Tierra.
Alabado seas, Dios Creador, por las almas de voluntad inquebrantable, por aquellos que despiertan cada mañana con el propósito de servir, los que escuchan el gemido del bosque y el susurro del agua, y responden con la entrega y cuidado de la vida.
Damos gracias por los visionarios de la restitución, aquellos que no buscaron poseer la tierra, sino devolverla a su libertad; por quienes transformaron la ambición en parques nacionales, y el éxito en santuarios de silencio y verdor bajo el cielo austral.
Benditas las manos que protegen a las especies frágiles y en peligro de extinción, las que siembran donde hubo ceniza y restauran lo que fue degradado. Ellos son los pastores de la biodiversidad, los que cuidan el tejido invisible que nos une a cada criatura viviente.
Te alabamos por los que nos invitan a la acción y no a la indiferencia, por los que dicen: «Sal de tu cama y haz algo», convirtiendo cada jornada en un acto de custodia responsable, y cada pequeño hábito en una semilla de esperanza para el mañana.
Que su legado sea un faro de luz en tiempos de crisis, un cambio cultural que nos enseñe a habitar el mundo con respeto. Que su pasión se contagie a las nuevas generaciones, para que la Tierra florezca de nuevo y su belleza nunca se extinga.
Oración final: Señor, danos la fuerza de los valientes y la humildad de los que sirven a la naturaleza. Haznos dignos herederos de este legado verde, para que seamos, ahora y siempre, verdaderos guardianes de tu Creación. Amén.
«Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz». (Santiago 3:18)
Salmo de la Esperanza en Belém: Justicia para la Tierra y sus Pueblos.
¡Alabado seas, Dios Padre- Madre, Creador de la Vida, ¡por la exuberante vida que fluye!, a pesar de todas las energías negativas que la impiden. Te damos gracias por tu obra constante que sostiene a la humanidad, desde el pequeño agricultor hasta el habitante de la gran ciudad. Reconocemos hoy, en la Declaración de Belém, que la Tierra es nuestra casa común, pero que los vientos del cambio soplan con fuerza desigual sobre tus hijas e hijos.
Bendito seas por la visión de unidad que nos convoca, por la constante llamada a proteger al vulnerable y sanar lo que hemos herido. Porque tú no ignoras el clamor del que padece hambre, ni la fatiga del que ve sus campos secarse por el calor extremo.
Por tu llamada a restaurar la paz en el mundo, a hacer posible la justicia y la paz, sobre todo en las múltiples situaciones bélicas que azotan en todos los continentes, y que impiden que tus hijas e hijos viven según tus designios.
Miramos con dolor la desigualdad que nos divide: donde unos tienen de sobra, otros carecen de protección ante las tormentas bélicas, sociales, culturales…, que azotan su ya frágil existencia. Casi la mitad de tu pueblo camina sin el refugio de la seguridad social, expuestos a la pérdida, al daño y a la incertidumbre del mañana. El hambre y la pobreza se agudizan bajo las bombas de cielos amenazantes y extraños; la comida y el agua, don de vida, se vuelve escasa para los más humildes. Señor, que nuestra ceguera no nos impida ver que el clima y la justicia social son una sola voz.
Te pedimos, a ti Guía y Señor de los Pueblos, por los guardianes de la biodiversidad: Fortalece las manos de los agricultores familiares y de los pescadores artesanales. Protege la sabiduría de los pueblos indígenas y comunidades locales. Que los fondos de la tierra se abran para ellos, dándoles seguro, crédito y esperanza.
Danos valor para una transición justa, donde nadie sea olvidado; que las agro-florestas florezcan y la bioeconomía sea el sustento de la selva. Que el derecho de los pueblos a su territorio sea piedra angular de nuestra paz, y que el fin de la deforestación sea el inicio de una nueva alianza con lo creado.
Inspíranos a movilizar los tesoros del mundo hacia donde más se necesitan: Que los 300,000 millones prometidos no sean palabras al viento, sino casa, hospitales, escuelas, sistemas de alerta contra los incendios, infraestructura resiliente y pan en cada mesa. Que dediquemos los recursos económicos, políticos y sociales a crear vida, a “remediar las necesidades de todos los pueblos”
Que los países que más tienen lideren con humildad, servicio y entrega, para que el financiamiento sea el puente que cruce el abismo de la desigualdad. Integra, Señor, estas promesas en nuestras leyes y en nuestros corazones, para que cada estrategia nacional sea un acto de amor hacia el prójimo más necesitado. En las crisis prolongadas y en la fragilidad del conflicto, sé nuestra roca.
«El ayuno que a mí me agrada consiste en esto: en que rompas las cadenas de la injusticia y desates los nudos de la opresión; en que dejes libres a los oprimidos y rompas todo yugo.
Consiste en que compartas tu pan con el hambriento y recibas en tu casa a los pobres sin techo; en que vistas al que veas desnudo y no ignores a tus semejantes.
Entonces tu luz despuntará como la aurora y tu recuperación brotará con rapidez; delante de ti irá tu justicia y la gloria del Señor será tu retaguardia. Entonces invocarás, y el Señor responderá; clamarás, y Él dirá: ‘Heme aquí’.
Si quitas de en medio de ti el yugo y el hablar iniquidad, y si te entregas al hambriento y sacias el deseo del afligido, entonces tu luz brillará en las tinieblas… Serás como huerto regado y como manantial cuyas aguas nunca faltan. Y los tuyos reedificarán las ruinas antiguas… y te llamarán reparador de brechas«. ( Isaías 58:6-12)

Podemos reflexionar sobre algunas de las ideas y sentimientos que nos surgen ante los datos aportados en los dos artículos y como nuestra participación ciudadana puede colaborar, desde nuestras respectivas comunidades.
