Carme Lleyda, portavoz de la campaña “Por un presente con una vivienda digna”, hace balance de los resultados conseguidos hasta ahora y habla de su propia experiencia como activista en la Plataforma de Afectadas por la Hipoteca (PAH).

¿Qué balance haces de la campaña hasta ahora?
Muy positiva. Nos ha sorprendido la buena acogida que ha tenido a nivel interno, de todos los Equipos Vedruna de Misión, junto al Laicado Vedruna. También la acogida entre las entidades y organismos que se han adherido a la campaña.

¿Para qué ha servido? ¿Qué se ha conseguido?
Ha servido para tomar conciencia más cercana de una grave situación que viven miles de familias y de personas en nuestros entornos. Lo conseguido es mucho y, a la vez limitado. Es una pequeña semilla eficaz, porque ha llegado a todo el alumnado de las escuelas Vedruna, a las familias, al profesorado, al personal administrativo y de servicios… Es un amplio grupo de personas. Además, estos centros han hecho una importante labor de incidencia en pueblos, barrios y ayuntamientos.

Pero no solo de los colegios se ha hecho incidencia.
No, claro. En los barrios, nuestras las hermanas también han socializado este compromiso de defensa de una vivienda digna para todos.

Y destacaría que las entidades que se han adherido a la campaña también han realizado actos, charlas, conferencias… Todo eso lo estamos registrando.

Al final, lo digo bien convencida, el logro más importante es el cambio de mirada. Esta es una realidad que exige un cambio de mirada, tener en cuenta que la vivienda es un derecho conculcado y que necesitamos avanzar hacia una sociedad más humana en que el centro sean las personas y no los intereses económicos.

 

¿Qué ejemplos de esas iniciativas que mencionas podrías destacar a modo de ejemplo?
Lo más significativo se centra en este momento a nivel de las escuelas. En Cataluña, que es lo que más conozco, la Fundació Vedruna Catalunya Educacio inició la campaña ha trabajado a fondo el tema de la vivienda conforme a los objeticos ODS. Organizaron un concurso, con la participación de todas las escuelas, que ha abarcado desde grupos de Primaria, hasta alumnos de ciclos superior y bachillerato. Toda esta actividad concluye este 5 de octubre con un acto interno que cada grupo ha preparado.

Más allá del trabajo en las escuelas, ¿qué hace concretamente Vedruna Europa en defensa del derecho a la vivienda digna?
Primero de todo, genera conciencia sobre la envergadura del problema social en que viven miles de familias, personas conciudadanas nuestras. También suscita reflexión y mirada crítica desde la perspectiva de las personas que lo sufren, para acercarnos a su realidad defendiendo los derechos humanos. Como Vedruna Europa, también hacemos gestos concretos, como cesión de espacios con acogida habitacional y acogida en algunas de nuestras comunidades.

¿Por qué debe la Iglesia participar en la reivindicación por el derecho a la vivienda?
La Iglesia debe participar en esta reivindicación por imperativo del Evangelio. Es una clara posición de opción por los más desfavorecidos, los descartados, vulnerables de la sociedad…, todos ellos con rostro concreto. El Evangelio vivido nos lleva a humanizarnos, no a deshumanizarnos y despersonalizar.

Uno de los objetivos de la campaña ha sido tejer redes con entidades de la sociedad civil. ¿Qué se ha conseguido en este sentido?
Sumar es esperanzador. No se puede hacer frente a estos problemas sociales de forma individual.

¿Qué puntos de encuentro hay en común con estas entidades sociales?
Las semillas de Reino están en toda persona que lucha por el bien común. En esto nos encontramos precisamente para sumar en esta convicción de que un mundo, una sociedad distinta es posible, de que el sufrimiento, la pobreza provocada por el sistema pueda ir transformándose en un mayor bien para todos, sobre todo los que más mal lo están pasando. Hay en común un claro compromiso con los derechos humanos.

Tú, personalmente, has trabajado durante mucho tiempo con la PAH. ¿Qué te impulsó a adentrarte en ese terreno?
A principios del año 2014 fue el momento de mi jubilación como profesional de la salud (enfermera), y empecé a ver a mi alrededor un movimiento de personas que reclamaban soluciones a su problema de vivienda. Era un movimiento cercano en mi propio barrio y en otros de Tarragona, me llamó la atención y me acerqué, de modo que me invitaron a ir a sus asambleas.

¿Cuál fue mi sorpresa? Descubrir la magnitud de este problema de la vivienda. Sé me hizo vivo el deseo de Joaquina de Vedruna de abrazar las necesidades de los pueblos y me sentí llamada a acoger, conocer a fondo esta realidad que me interpelaba en este momento actual.

Durante un tiempo iba a las asambleas, escuchaba y, sobre todo, era consciente que tenía que aprender mucho de las personas afectadas que luchaban por sus propios problemas y no lo hacía solas, sino en grupo, y en ayuda mutua.

Al cabo de un tiempo de asistir, un día me preguntaron: “¿Usted con qué banco tiene el problema?”. Me quedé sorprendida y respondí: “No, yo no tengo un problema de vivienda, pero vuestro problema es también mi problema, por esto vengo a las asambleas y os escucho”. Y fui entrando en la dinámica de búsqueda colectiva de soluciones y lucha para conseguirlas.

¿Sorprendía a otras activistas encontrarse con una religiosa?

No he sentido nunca en otras personas esa sorpresa por mi condición de religiosa. Creo que estar, al lado de y con ellas, desde lo que soy y puedo sencillamente aportar, ha facilitado el trato diario. Escuchar, acompañar en momentos de angustia y sufrimiento, y buscar y reivindicar juntas frente a una problemática que me ha interpelado mucho, al ver cómo llega a afectar incluso a la salud.

Más bien son ellas quienes se sorprenden de que, al cabo de tantos años, siga allí. No son las mismas personas, algunas dejan de participar activamente cuando han resuelto su situación. Yo, de momento, permanezco, ya que el problema no solo sigue, sino que ha aumentado en estos últimos años.