Semanas atrás se hacía una buena reflexión en este boletín Vedruna sobre la Conferencia de la ONU para el Cambio Climático, cuya trigésima edición se celebró en la capital de la Amazonia brasileña, Belém do Pará, en noviembre pasado.

Ha sido muy significativo y simbólico que se realizara la Conferencia de las Partes – COP 30 en la Amazonia, con una masiva presencia de gobiernos y jefes de Estado de todo el mundo, en su inauguración y, con la formación de grupos de trabajo al más alto nivel, estos se reunieron durante las dos semanas de la Conferencia (en un área restricta o “zona azul”). Por otro lado, hubo una singular participación de organizaciones de la sociedad civil de innúmeros países, en la “zona verde”, abierta sí a toda la ciudadanía.

En las últimas décadas, las selvas tropicales han estado explotadas y desforestadas hasta un punto llamado de “no retorno”, especialmente en la Amazonia, cuyo ecosistema contribuye significativamente al equilibrio de la temperatura media del planeta. Por esta razón una de las metas fijadas ha sido la “desforestación cero” (hasta 2030). Respecto a esta temática se estableció un compromiso, como una hoja de ruta, para la regeneración y reforestación de las áreas afectadas, destinando recursos de los países más ricos, como Alemania, para ser aplicados en los países con bosques tropicales a ser mejor protegidos, con la implicación de sus gobiernos, especialmente y en concreto el del Brasil, donde justamente ha sido la selva amazónica más desforestada.

Uno de los carteles difundidos por la ONU durante la COP 30 para concienciar sobre la crisis climática

 

Si bien hasta aquí ha habido una cierta concreción en esta “Hoja de Ruta”, no ha sido igual respecto a la gran discusión sobre el progresivo abandono de los combustibles fósiles, en los que no se consiguió un consenso o acuerdo, así pues, sin una Hoja de Ruta definida. Nos queda la esperanza que tal vez se concretice esta específica hoja de ruta en la “Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles” que se realizará, Dios mediante, del 24 al 29 de abril próximo, en Santa Marta (Colombia). Conferencia decisiva coorganizada entre el Reino de los Países Bajos y el Gobierno de Colombia.

Por otro lado, como hemos insinuado al principio, la ciudadanía ha sido la gran protagonista de esta Conferencia en la capital de la Amazonia. Han sido números eventos paralelos que se han organizado entre ONGs, movimientos sociales, organizaciones indígenas, sindicatos, universidades y demás organizaciones de la sociedad civil y religiosas, en los que hemos participado ciudadanas y ciudadanos venidos de todas partes. Un gran bagaje nos llevamos y una gran motivación para seguir luchando por los objetivos, acciones y metas que nos hemos propuesto.

Gran Marcha de los Pueblos, el 17 de noviembre

Uno de los grandes eventos paralelos a destacar ha sido la “Cumbre de los Pueblos” celebrándose entre el 11 y 16 de noviembre, con unas 70 mil personas participando, y la gran Marcha de los pueblos, realizada por una de las principales avenidas de Belém, reuniendo unas 17 mil personas andando de forma pacífica y festiva, con gran participación de movimientos indígenas venidos de toda la Amazonia, representantes de los Andes, de América Central y del Norte y de otros Continentes, hasta de Oceanía.

 

Resumen de la Declaración final de la COP 30:

La Declaración de Belém busca promover una acción climática centrada en las personas, abordando desigualdades, hambre, pobreza y vulnerabilidades, con enfoque en protección social, apoyo a pequeños productores, transiciones justas y financiamiento adecuado.

Visión General y Preámbulo

    • Reunidos en Belém, los líderes reconocen que el cambio climático ya afecta a toda la humanidad de manera desigual, agravando el hambre, la pobreza, la inseguridad hídrica, la salud y los medios de subsistencia, especialmente para los más vulnerables.
    • La declaración enfatiza la necesidad de un enfoque que coloque los impactos desiguales en el centro de la respuesta climática, alineado con el principio de la UNFCCC de considerar las necesidades específicas de los países en desarrollo.
    • Reafirma el compromiso con objetivos sociales, económicos y ambientales, basándose en el Acuerdo de París, la Agenda 2030 y otros compromisos internacionales, destacando la importancia de erradicar la pobreza y el hambre mediante financiamiento sostenible.

Compromisos Centrales

    • Protección social como base de la resiliencia: casi la mitad de la población mundial no tiene acceso a la protección social, que debe ser ampliada y adaptada a los cambios climáticos, integrándose a alertas, preparación para desastres, respuestas a pérdidas y daños, además de promover investigación e innovación en el área.
    • Apoyo a los pequeños productores: agricultores familiares, pescadores artesanales, pueblos indígenas y comunidades locales, que dependen de recursos naturales, son altamente vulnerables, pero esenciales para sistemas alimentarios sostenibles. El compromiso incluye ampliar el acceso a financiamiento, seguros, infraestructura resiliente, prácticas sostenibles y mercados, promoviendo una transición justa.
    • Transiciones justas en regiones de bosques y ecosistemas sensibles: las acciones incluyen manejo sostenible, expansión de agroflorestas, bioeconomía, ecoturismo, conservación y fortalecimiento de los derechos de los pueblos indígenas, promoviendo alternativas de subsistencia y combate a la deforestación, con apoyo a fondos y mecanismos de financiamiento climático.
    • Financiamiento y medios de implementación: compromiso de movilizar al menos 300 mil millones de dólares anuales hasta 2035 para los países en desarrollo, con esfuerzos liderados por los países desarrollados, incluyendo fuentes públicas y privadas, para ampliar las inversiones en protección social, agricultura a pequeña escala, medios de vida sostenibles y transiciones justas.
    • Integración en las estrategias nacionales: alienta a los países a incluir acciones centradas en las personas en sus NDC, planes de adaptación, estrategias a largo plazo, biodiversidad y combate a la desertificación, reforzando la importancia de acciones específicas para los más vulnerables.
    • Situaciones de fragilidad y crisis prolongadas: acciones coordinadas entre los sectores humanitario, climático y de desarrollo para fortalecer capacidades locales, responder a eventos extremos, apoyar a poblaciones en conflicto o pobreza extrema, garantizando financiamiento accesible y flexible.

Seguimiento de Resultados

    • Establece metas medibles, como ampliar la cobertura de protección social en países vulnerables, aumentar la capacidad de evaluación de vulnerabilidades climáticas, movilizar financiamiento climático, ampliar el acceso de pequeños productores a recursos, promover medios de vida sostenibles e integrar acciones en las estrategias nacionales.
    • Incentiva la coordinación de organizaciones internacionales como la ONU, el Banco Mundial, la FAO, la OCDE, entre otras, para establecer líneas base y mecanismos de monitoreo hasta 2028, con evaluación final en 2030.
    • Refuerza el papel de la Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza en la implementación de políticas y acciones coordinadas, promoviendo aprendizaje compartido e integración financiera.

Consideraciones Legales y de Implementación

    • La declaración no crea obligaciones legales ni compromisos financieros vinculantes para los signatarios, incluida la Unión Europea, pero refuerza la importancia de acciones coordinadas, financiamiento adecuado e inclusión de los vulnerables en las estrategias climáticas nacionales.
    • Los signatarios incluyen países de diferentes regiones, organizaciones internacionales y entidades multilaterales, comprometidos con una respuesta climática que priorice a los más afectados, promoviendo justicia social, sostenibilidad y resiliencia global.

Ana Maria Avelar y Josep Zarzuela,
Belém do Pará – Amazonia – Brasil

Imágenes https://www.flickr.com/photos/cop30amazonia/