Hay momentos en los que la vida parece una tierra salvaje: no encontramos el camino, dudamos de nuestras capacidades y sentimos que cada paso exige un esfuerzo enorme. Las dificultades pueden hacernos creer que hemos perdido el control, que ya no queda nada por hacer o que el futuro se ha cerrado por completo.

Sin embargo, como personas creyentes, incluso en los escenarios más oscuros, algo permanece encendido. A veces es una pequeña fuerza. Otras, una palabra amiga, una oración, un gesto de ternura o la decisión de levantarnos una vez más. No todo está perdido. Mientras exista una chispa de esperanza, todavía es posible avanzar. La esperanza no niega el dolor. Lo reconoce, lo atraviesa y nos ayuda a descubrir que no estamos completamente solos ni indefensos.

La académica y escritora estadounidense Brené Brown, en su libro “Desafiando la tierra salvaje[1]”, afirma: “No se me ocurre nada más importante en una tierra salvaje que la autoconfianza”. La frase adquiere un significado especial cuando atravesamos una crisis. En medio de la incertidumbre, confiar en uno mismo puede ser tan importante como contar con un mapa. La confianza que se construye paso a paso. La “tierra salvaje” para esta autora, metafóricamente, es el lugar desolado e incierto donde nos encontramos cuando no nos alineamos con ningún bando, ni cedemos a la presión social, o a la incertidumbre. Aunque da miedo entrar en ella, es el único lugar donde reside nuestra autenticidad. Pero la autoconfianza no aparece de la noche a la mañana. La confianza que se construye nace de pequeñas decisiones repetidas: cumplir una promesa personal, pedir ayuda cuando es necesario, reconocer los propios límites y continuar a pesar del miedo. No hace falta sentirse fuerte para actuar con valentía. Muchas veces, la fortaleza consiste precisamente en seguir adelante mientras las dudas permanecen. Cada vez que enfrentamos una dificultad, aprendemos algo sobre nuestros recursos, nuestra capacidad de adaptación y nuestra resistencia. La autosuperación tampoco significa convertirse en una persona invulnerable. No se trata de ignorar el cansancio ni de fingir que todo está bien. Significa aprender a avanzar con nuestras heridas, aceptar que necesitamos apoyo y transformar poco a poco la experiencia en crecimiento.

El papa Francisco expresó con imagen profundamente inspiradora: “La esperanza es como las brasas bajo la ceniza: ayuda a llevar la vida y a salir adelante”. Esta metáfora nos recuerda que la esperanza puede parecer apagada sin haber desaparecido realmente. ¡Sigue ahí! Es cuestión de hacer silencio interior, acallar los ruidos propios y ajenos, para poder descubrirla,

Hay días, en los que los acontecimientos de nuestra sociedad hacen que no sintamos entusiasmo, claridad, ni motivación y ello nos lleva a una desafección en muchos sentidos de nuestra vida, personal y social. Pero hemos de ir más allá. La esperanza no ha muerto. Tal vez se encuentra escondida o protegida bajo la ceniza de la tristeza, el cansancio, la propia indiferencia, la desilusión o la preocupación… Y como todo lo importante en la vida, necesita tiempo, cuidado y compañía para volver a iluminarse. Tenemos experiencia de que esperar no equivale a quedarse inmóvil.

Brené Brown nos propone una posible herramienta con la que tal vez, podamos reflexionar durante estos momentos complicados y difíciles. Y es lo que ella denomina: el acrónimo BRAVING: Instrumento para construir confianza tanto con los demás como con uno mismo:

  • Boundaries (Límites): Respetar y hacer respetar las líneas claras.
  • Reliability (Fiabilidad): Hacer lo que se dice que se va a hacer.
  • Accountability (Responsabilidad): Asumir y reparar los errores.
  • Vault (Confidencialidad): Mantener en reserva lo que se confía.
  • Integrity (Integridad): Elegir el valor sobre la comodidad.
  • Non-judgment (Sin juicios): Poder pedir ayuda sin ser juzgado.
  • Generosity (Generosidad): Interpretar las intenciones de otros desde su mejor versión.

Cuando todo nos parece demasiado grande, conviene reducir y centrar la mirada. No es necesario resolver la vida completa en un solo día.

Está autora nos propone cuatro posibles prácticas para cruzar “la tierra salvaje”:

  • Acércate más (es difícil odiar de cerca): La distancia alimenta el prejuicio. Mantener el contacto personal rompe estereotipos y ayuda a ver la humanidad en el otro. Cuando conocemos a la otra persona, su historia, sus vivencias, sus necesidades, sus sueños… ¡No son tan distintos a los nuestros! Puede diferir en cuestiones más” exigentes” … ¿o quién sabe?
  • Di la verdad con cortesía: Defender lo que es para nosotras/os correcto sin deshumanizar al rival, ni recurrir al insulto o la agresividad. Es lo verdaderamente correcto y adecuado. Forma parte del mandato evangélico.
  • Mano a mano con los extraños: Participar en experiencias colectivas auténticas para reconectar con la humanidad compartida. ¡Todos tenemos la misma “humanidad”! ¡No somos tan distintos!
  • Espalda fuerte, frente blando, corazón salvaje:
    • Espalda fuerte: Mantener convicciones firmes y límites saludables.
    • Frente blando: Estar abierto a escuchar, sentir y ser vulnerable sin ponerse a la defensiva.
    • Corazón salvaje: Mantener la capacidad de amar y pertenecer a uno mismo ante la adversidad.

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En los momentos difíciles, la cercanía humana tiene un valor incalculable. Para secar una lágrima del rostro de quien sufre, es necesario unir nuestro llanto al suyo y acompañar con gestos sencillos. La compasión no siempre necesita grandes discursos. A veces se expresa al escuchar sin interrumpir, preparar una taza de café, ofrecer un abrazo o permanecer en silencio junto a quien atraviesa una situación dolorosa. Estar presentes puede ser más poderoso que intentar encontrar una solución inmediata. La ternura no elimina automáticamente los problemas, pero crea un espacio interior desde el cual es más posible enfrentarlos.

No todo está perdido. Para muchas personas creyentes, la oración o la meditación es una fuente de fortaleza. No tiene por qué ser un ritual frío ni una obligación repetida sin significado. Puede ser un diálogo sincero en el que volcar las dudas, el cansancio y el dolor. A veces, la vida no nos muestra un camino completo; apenas deja ver el siguiente tramo. Mientras exista una brasa bajo la ceniza, todavía hay calor. Mientras haya una posibilidad de encuentro, de oración, de aprendizaje o de comenzar de nuevo, no todo está perdido. ¡Tengamos esperanza!

Mercedes Álvarez García, ccv
Equipo JPIC- RUM

[1] El libro Desafiando la tierra salvaje de Brené Brown explora la crisis actual de polarización y desconexión social, argumentando que la verdadera pertenencia exige autenticidad y valentía en lugar de conformidad. La obra utiliza la metáfora de la “tierra salvaje” y el acrónimo BRAVING para guiar al lector hacia una conexión genuina consigo mismo y con los demás.