Para la oración y la reflexión os proponemos este mes una película: “La abuela y el forastero”, del director Sergi Miralles.

Sinopsis

En un pequeño pueblo valenciano, Teresa, una costurera mayor, entabla una estrecha y entrañable amistad con Samir, un sastre pakistaní recién llegado al pueblo. Tras el fallecimiento de Teresa, su nieto Enric regresa desde Mónaco para organizar las cosas y descubre la profunda e inesperada relación que unía a su abuela con el recién llegado, lo que transformará la mirada de Enric hacia su propia historia y su entorno.

La película está disponible en RTVE Play, en su catálogo a la carta. Es gratuita, aunque es necesario registrarse.

El forastero en la Biblia

En la Biblia, el concepto de forastero, tiene un profundo peso teológico, ético y espiritual. No se limita a una condición legal o migratoria, sino que atraviesa la identidad del propio Pueblo de Dios y su relación con el prójimo.

La experiencia histórica y la memoria de Israel. El mandato de cómo tratar al forastero se fundamenta en la propia historia del pueblo hebreo: Israel fue forastero en Egipto.

Dios le recuerda constantemente a Israel su pasado de vulnerabilidad para activar su compasión hacia los extranjeros («No oprimirás al forastero, pues vosotros sabéis cómo se siente el forastero, ya que forasteros fuisteis en la tierra de Egipto» — Éxodo 23:9).

La dimensión ética y social en el Antiguo Testamento, está recogida en la ley mosaica, el forastero forma parte del grupo más vulnerable de la sociedad, junto con la viuda y el huérfano, «los pobres de Dios», los Anawim. Tenía derecho al descanso del día de reposo (sábado), al espigo sobrante de las cosechas (Libro de Rut) y al acceso a la justicia sin discriminación.

Amar al forastero no era solo un deber social, sino un acto de obediencia teológica, porque Dios mismo «ama al forastero dándole pan y vestido» (Deuteronomio 10:18).

Todos somos forasteros. En el plano teológico, la Biblia enseña que la Mader Tierra pertenece a Dios y que las personas somos solo administradores o huéspedes temporales, tal como hemos recordado en este Tiempo de la Creación.

Son muchos los Salmos y el libro del Levítico, los que nos recuerdan que nadie es dueño absoluto de la tierra («La tierra es mía; pues vosotros forasteros y extranjeros sois para conmigo» — Levítico 25:23).

Que toda persona es Peregrina en la tierra: En el Nuevo Testamento, los creyentes son descritos como «extranjeros y peregrinos» (1 Pedro 2:11; Hebreos 11:13), recordando que su ciudadanía definitiva es celestial y que la vida terrenal es un paso transitorio.

En el Nuevo Testamento, el concepto se eleva al identificarse Jesús directamente con la figura del extranjero vulnerable.

Encontramos un modelo de Jesús como forastero: en el juicio de las naciones (Mateo 25:35), Jesús declara: «Fui forastero, y me recogisteis». Acoger al extranjero equivale a acoger a Cristo mismo.

Pablo enseña en Efesios 2:19 que, a través de Cristo, los que antes eran «forasteros y advenedizos» ahora son miembros de la misma familia de Dios, eliminando las fronteras de exclusión entre pueblos.

El significado bíblico de forastero nos recuerda la fragilidad de la condición humana, la llamada incondicional a la hospitalidad (filoxenia) y el deber ético de cuidar al vulnerable, reconociendo que ante Dios todos somos huéspedes en su creación.

Toda persona está de paso por este mundo, ¡Todo somos inquilinas/os de la Madre Tierra!

Oración final: Salmo de la acogida y la memoria

Señor, Dios de la tierra y del camino, mi alma te alaba por tu inmensa paciencia para con todas las personas. A ti clamamos con la memoria de los Anawim, los pobres y humildes que no tienen más amparo que tu gracia. Tú nos dijiste al oído desde antiguo: “No oprimirás al forastero, pues forasteros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto”.

Nos recuerdas que ante ti nadie es dueño del suelo, que todos somos apenas huéspedes, inquilinos, peregrinos de paso bajo el cobijo de tu gran tienda.

Bienaventurado el corazón que abre su puerta al que llega de lejos, como Teresa abrió sus hilos y sus manos al sastre Samir; porque en el hilo del que cose sin juzgar y en la mirada del que busca un hogar en tierra extraña, te tejes Tú mismo, Señor, caminando entre nosotras, entre nosotros.

Limpia nuestra mirada, como limpiaste la de Enric, para que donde el mundo ve distancia y temor, nosotras/os descubramos tu rostro escondido; pues dijiste: “Fui forastero y me acogisteis”.

Haznos conscientes de nuestra vulnerabilidad, Señor, cuéntanos entre tus Anawim, pobres de espíritu, pero ricos y solidarios en la mesa compartida.

Que no olviden nuestros pueblos la belleza de la hospitalidad, ni la trama bendita que une las vidas en tu amor. Te lo pedimos a Ti Señor, que amas por los siglos de los siglos. Amén.