Nuestro ADN es la acogida, el servicio, la alegría y el cuidado; en el abrazo a la persona, florece nuestra vida.
–Te damos gracias, Señor de la Vida, porque hace doscientos años plantaste una semilla en el corazón de Joaquina, nuestra madre. Hoy, hermanas y laicas Vedruna, caminamos juntas, bebiendo de la misma fuente, respirando el mismo aire, haciendo de la acogida nuestra identidad y nuestro ADN. Sentimos con más fuerza que el Carisma nos une.
–Bendito seas Dios Padre-Madre, porque nos enseñas que nadie es extraño, que en cada rostro cansado se esconde tu presencia. Nuestros hogares, comunidades, colegios y casa compartidas quieren ser posadas de paz, donde el pan se parte y el consuelo se reparte, sin distinción de origen o creencias, sin barreras ni distancias. Porque sabemos y gozamos en la mesa de la fraternidad.
–Te pedimos hoy, Dios de los humildes, por el presente de tantas personas, creación tuya que no tienen hogar. Danos fuerza para luchar por una vivienda digna, un techo que proteja, cuatro paredes que den calor y sean hogar; porque no hay dignidad sin un lugar donde descansar la cabeza. Y hoy es un clamor de justicia que no queremos insensibilizarnos a él.
–Señor, en este año de memoria y celebración jubilosa, te rogamos: pon fin a nuestra indiferencia. Arranca de nosotras el corazón de piedra, la apatía que ignora, y danos un corazón de carne, que sufra con el que sufre y se alegre con el cuidado del más necesitado. ¡Danos un corazón capaz de sentir y dar: verdad, bondad y belleza!
–Que el fuego de Joaquina siga ardiendo en nuestras manos y en nuestro corazón, que seamos luz en la periferia y abrazo e n la soledad. Que el carisma Vedruna sea siempre un hogar de puertas abiertas para todo el que lo necesite en nuestro mundo. Te lo pedimos a Ti, Señor de la Vida, que vives y amas, por los siglos de los siglos. Amén.