Oramos con los artículos de marzo
Salmo: El Clamor de los que no tienen Techo
Señor, escucha el eco de los pasos perdidos, el murmullo de quienes vagan por los pasillos de El Prat y de quienes ven sus refugios desvanecerse en la Zona Franca y Nou Barris.
Porque donde el mundo levanta muros de indiferencia, Tú nos llamas a construir espacios de humanidad.
Dichosos quienes no cierran los ojos ante el aire enrarecido, ante la fuerza que dispersa a los débiles y complica lo que ya es difícil.
El pan se ha vuelto un lujo y el techo un sueño inalcanzable, mientras el salario se escurre entre los dedos para pagar un lugar donde dormir.
No permitas, Señor, que nos acostumbremos a la soledad del otro. ¡Que no seamos indiferentes ante el dolor y la soledad!
La calle no es una elección, es una herida que resta años a la vida; es el frío que cala los huesos y el olvido que cala el alma.
Pero Tú nos recuerdas que la ciudad es una comunidad de destino, y que el rostro del último es el espejo donde se mide nuestra propia dignidad.
Que la justicia sea el cimiento de nuestras leyes y la ternura el motor de nuestras manos.
Danos valentía para sostener a quien flaquea, para abrir centros donde la dignidad no pida permiso para entrar.
Que la ley que se gesta sea un regalo de humanidad y no una palabra vacía, porque acogiendo a los más pequeños, empezamos a sanar las heridas de todos.
Reflexión: La Ciudad como Hogar Común
El texto nos sitúa ante una paradoja dolorosa: en una sociedad que avanza, los «cimientos del bienestar» parecen agrietarse para los más vulnerables. La exclusión ya no es algo ajeno; es una posibilidad real que nos acecha a través del precio de los alimentos, los alquileres imposibles y la soledad.
Cuidar de los que viven en la calle no es solo una cuestión de asistencia, sino un acto de “resistencia contra la agresividad de nuestro tiempo”. Como bien dice la Comunidad de Sant’ Egidio, a veces hace falta «muy poco» para cambiar una trayectoria. La verdadera política y la verdadera fe se encuentran en ese espacio donde la ley asegura derechos y la amistad ofrece un hogar.
Preguntas para la reflexión y el diálogo comunitario:
- Sobre la mirada: ¿He pasado últimamente frente a alguien que vive en la calle y he sentido esa «indiferencia» o «aire de contraposición» que menciona el texto, o he sido capaz de ver a una persona con una historia?
- Sobre la responsabilidad: Si la ciudad es una «comunidad de destino«, ¿qué pequeña acción concreta (personal o a través de organizaciones) podría realizar esta semana para «sostener» a alguien frágil?
- Sobre las estructuras: Ante el debate de la ley contra el sinhogarismo en el Parlament, ¿soy consciente de que la justicia social es una «buena noticia» que nos protege a todos, o la veo como algo ajeno a mi realidad?
Este texto de Miguel Ángel Martín Ballesteros nos invita a una conversión de la mirada: dejar de ver a las plantas como «decorado» para verlas como hermanas y maestras de honestidad.
Aquí tienes una propuesta de Salmo y Reflexión basada en la sabiduría vegetal, de la que nos habla el artículo: “Las plantas no mienten”
Salmo de la Honestidad Verde

Señor, Dios de la Vida y de los bosques, abrimos los ojos ante la presencia callada de las plantas.
Ellas no mienten, son organismos de luz y de verdad, que no degradan la tierra, sino que la sanan y la embellecen.
Bendito seas, Señor, en la transparencia de lo vegetal.
Ellas son las ancianas de la creación, testigos de glaciaciones y de imperios que cayeron.
Desde el pino milenario hasta el álamo que se hace bosque, nos hablan de una eternidad que hunde sus raíces en la tierra.
Tú nos enseñas, Señor, que la verdadera fuerza no es el ruido.
No son individuos aislados, sino comunidades de amor; se cuidan unas a otras, se comunican por el aire y el suelo, y nos demuestran que nadie se salva solo.
Si el futuro ha de ser, Señor, que sea un futuro vegetal: donde lo común prevalezca y la vida se comparta sin medida.
Danos, Señor, un corazón de hoja y una esperanza de semilla.
Reflexión: Aprender de las «Hermanas Plantas»
El botánico Francis Hallé nos regala una bofetada de realidad: «Las plantas no mienten». En un mundo humano lleno de apariencias, ruidos y degradación, el reino vegetal se erige como un modelo de honestidad biológica. Ellas no solo habitan el mundo, sino que lo mejoran por el simple hecho de existir.
Leonardo da Vinci advertía que no se puede defender lo que no se ama, y no se ama lo que no se conoce. A menudo sufrimos de «ceguera vegetal«; vemos verde, pero no vemos vida, ni inteligencia, ni memoria. Ignoramos que el 80% de la vida en la Tierra son ellas y que nosotros somos sus invitados.
Las plantas nos enseñan una estructura de vida diferente:
- La descentralización: No tienen un cerebro que mande, sino que toda la planta «siente» y «decide».
- La resiliencia: Son capaces de regenerarse y ser eternas a través de la clonación y la red.
- La comunidad: Un bosque no es una suma de árboles, es un solo organismo que se comunica y se apoya.
Recuperar la mirada sagrada sobre la naturaleza, como pide la encíclica Laudato Si’, no es un romanticismo, es una estrategia de supervivencia. O aprendemos la lógica del bosque —donde todo está relacionado y equilibrado— o no tendremos lugar en el futuro.
Preguntas para el silencio y el diálogo
- ¿Ceguera o Reconocimiento? Al caminar por la calle o el campo, ¿soy consciente de que las plantas son seres inteligentes y comunicativos, o las trato simplemente como «paisaje» o «decoración»?
- ¿Honestidad o Degradación? Si «las plantas no mienten» y mejoran su entorno, ¿en qué medida mis acciones diarias contribuyen a mejorar el «ecosistema» de las personas que me rodean?
- ¿Individuo o Comunidad? El bosque nos enseña que la interconexión es la base de la vida. En mis grupos, familia o comunidad, ¿actúo como un individuo aislado o busco crear esa «red de raíces» que sostiene a los más débiles?
- ¿Mirada Sagrada? ¿Qué me impide ver en una simple hoja o semilla un «regalo de humanidad» y un signo de la presencia de Dios?
Mercedes Álvarez – CCV
Equipo JPIC
[1] Fuente : Carme Molitst
[2] Fuente: Pilar Arqués. Cantonigrós