La hospitalidad es el acto de recibir y acoger a los visitantes, invitados o extraños con amabilidad y generosidad. Es una virtud que se basa en el respeto por el otro y en la voluntad de hacerlo sentir cómodo, seguro y valorado. La palabra proviene del latín hospitalitas, que a su vez deriva de hospes (huésped). Originalmente, se refería a la relación recíproca entre el que recibe y el que es recibido, donde ambos se reconocen como iguales.
Para que exista una verdadera hospitalidad, suelen estar presentes estos tres pilares:
- Acogida: El recibimiento inicial que marca el tono de la interacción.
- Cuidado: Atender las necesidades básicas del invitado (comida, descanso, seguridad).
- Empatía: La capacidad de entender y anticipar lo que el otro necesita para sentirse «como en casa». La hospitalidad es la virtud que nos permite recibir al extraño como si fuera un amigo, y al amigo como si fuera de la familia.»
ORAMOS
«Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis.» Mateo 25:35
El Altar de la Puerta Abierta
No preguntes el nombre ni el destino de quien golpea suave en tu madera, que el hambre de hermandad es el camino y el frío no conoce de frontera.
Abre la mano, el pan y la mirada, dispón la mesa con el mantel del día, que una silla que espera ser ocupada es el puente mayor de la alegría.
No es solo el techo lo que el otro busca, ni el cuenco de sopa, ni el abrigo; es saber que su voz no suena brusca cuando al hablar te llama «buen amigo».
Que, en el rincón sagrado de tu casa, el extraño se sienta siempre dueño, pues la vida es un soplo que así pasa: somos todos huéspedes de un sueño.
Canto: ABRE MIS PUERTAS. AIN KAREM
Salmo de la Puerta Abierta y el Corazón Ensanchado
Antífona: No hay muros en el amor, pues en el rostro del extraño se revela la luz de lo sagrado.
Bendito sea el hogar que no tiene cerrojos, y el corazón que se ensancha para dar espacio al que camina solo. Porque la verdadera casa no son las paredes de piedra, sino el abrazo que sostiene al que llega cansado del camino.
Señor, abre mis ojos para ver más allá de las vestiduras rotas, para reconocer la dignidad que brilla en el que no tiene techo. Que mi mesa sea larga y mi juicio sea corto, que el pan compartido sepa a justicia y el agua a fraternidad.
Antífona: No hay muros en el amor, pues en el rostro del extraño se revela la luz de lo sagrado.
Bienaventurado aquel que acoge al que es diferente, al que habla otra lengua, al que trae otras heridas, al que busca refugio. Porque en la voz del marginado se escucha el eco de la verdad, y en la mano del pobre se recibe el regalo de la humildad.
No permitas que la comodidad me vuelva sordo al grito del desamparado, ni que el miedo me haga levantar fronteras donde debería haber puentes. Que mi empatía sea un fuego que caliente el frío del abandono, y mi palabra un refugio para quien ha sido silenciado por el mundo.
Antífona: No hay muros en el amor, pues en el rostro del extraño se revela la luz de lo sagrado.
Porque todos somos huéspedes en esta tierra, peregrinos que buscan, bajo el mismo cielo, un rincón de paz. Al acoger a la otra persona, me encuentro conmigo mismo, y en el «nosotro» descubro la imagen de lo eterno.
«Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones.» 1 Pedro 4:9
«Compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.» Rom.12:13
SILENCIO- INTERIORIZACIÓN- COMPARTIMOS
Dios de la ternura y el encuentro, al celebrar estos 200 años de camino y servicio, te damos gracias por el legado de Santa Joaquina, cuya mirada siempre estuvo atenta al que sufre y cuyo corazón fue casa abierta para todos.
Te pedimos que, en este año que iniciamos, reavives en nosotras, y en toda la Familia Carismática Vedruna, el fuego de la hospitalidad, la acogida y el cuidado. Que no seamos muros, sino “casa de puertas abiertas”, para el que llega sin hogar; que no seamos silencio, sino voz profética de esperanza para todas las personas, en especial las más necesitadas.
Concédenos la gracia de un cuidado genuino, que sepa reconocer en la fragilidad del otro tu propio rostro. Que nuestras manos sigan siendo extensiones de tu amor, acogiendo lo diferente con alegría y transformando cada encuentro en un hogar compartido.
Que el espíritu que nos configuró Vedruna nos impulse a seguir ensanchando la tienda, para que nadie se sienta extraño y todos encontremos lugar en la mesa común de la fraternidad. Amén.
Nota: todos los meses realizaremos una pequeña oración- reflexión, con algunos de las ideas base del manifiesto “¡Por un presente con vivienda digna!”. ¡Gracias por vuestra acogida y colaboración!
¡FELIZ AÑO 2026!
Mercedes Álvarez García, CCV