Por Jaume Castro
Comunidad de Sant’Egidio
(www.santegidio.org)


El desalojo del antiguo instituto B9 de Badalona y de las personas sin techo del aeropuerto de El Prat, la dispersión de los asentamientos de la Zona Franca, del parque de la Ciutadella o del Parque Central de Nou Barris en Barcelona han afectado a cientos de personas. Son acciones que incomprensiblemente complicamos la vida a quienes ya la tienen bastante complicada. Esta indiferencia hacia los más débiles es una de las consecuencias del aire enrarecido de contraposición y la agresividad que respiramos en el tiempo de la fuerza.

“La exclusión se ha convertido en una posibilidad real para casi todos, y todos debemos estar preparados para enfrentarnos a la inquietud que produce” –explica Zygmunt Bauman en su libro Europa[1], una aventura inacabada. El importante aumento del coste de la vida (un aumento del 38% del precio de los alimentos básicos), la emergencia de vivienda con la dificultad de pagar alquileres e hipotecas, unido a que cada vez la gente está más sola a la hora de afrontar las dificultades, hace que más personas se encuentren en la calle, incluso teniendo un trabajo. Es significativo que más del 60% de las personas “sin techo” han llegado a la calle por un problema relacionado con la vivienda. Los salarios y ayudas sociales no son suficientes para pagar una habitación o un alquiler. Los catalanes dedicaron el 64% del salario bruto al pago del alquiler de su vivienda en el 2024

Vivir en la calle no es una elección. Es una vida dura y difícil que reduce entre 20 y 30 años la esperanza de vida. Si entendemos la ciudad como una comunidad de destino tenemos la responsabilidad de no olvidar y acoger a los últimos. Hay que hacer propuestas y sobre todo sostener a las personas. Se puede hacer personalmente acogiendo a las personas más frágiles que se encuentran en la ciudad y darles una mano. También puede hacerse a través de tantas organizaciones que como la Comunidad de Sant’ Egidio trabajamos cada día por estas personas. A través de la amistad y la solidaridad abrimos espacios de humanidad para dar respuestas concretas. Muchas veces sólo hace falta poco para cambiar una situación o para sostener a una persona.

Por otra parte, las administraciones públicas tienen gran responsabilidad. La falta de puestos de acogida pide urgentemente la creación de centros de baja exigencia para que las personas sin techo tengan un espacio digno en el que pernoctar. La «proposición de ley para hacer frente al sinhogarismo y erradicarlo» que se está debatiendo en el Parlament de Catalunya es una oportunidad para dotarnos de una norma que asegure derechos y vele por las necesidades básicas de las personas que viven en la calle. Debería llevar a un gran acuerdo de país para que todas las administraciones asuman su responsabilidad para asegurar los derechos y servicios básicos a las personas “sin techo” en todo el país.

Una ley para las “sin techo” sería pionera en el contexto legislativo europeo y reforzaría los cimientos del estado del bienestar. Sería un regalo de humanidad, una buena noticia en un tiempo donde no abundan. Ahora es necesario que se apruebe sin aguarla, convencidos de que acogiendo a los últimos empezamos a hacer camino para resolver los problemas de todos.

[1] Bauman, Zygmunt. Europa «Una aventura inacabada»- Editorial Losada, S.L. (2006)