Teo: ¡Qué sorpresa! Cuánto tiempo sin verte, Juana Mary. ¿Qué tal estás?

Juana Mary: Sí, hace mucho tiempo que no nos hemos visto. Estoy muy bien.

Teo: ¿En qué proyectos andas metida ahora mismo?

JM: Pues mira, por una parte, es lo mismo de siempre: educación, pero por otra es totalmente diferente. Desde que me jubilé estoy como voluntaria en un centro de acogida y promoción de emigrantes especialmente de mujeres y este año vienen veinte y de siete nacionalidades. Me resulta más difícil preparar esta clase que a Bachiller o BUP… Pero estoy feliz.

Teo: ¡Qué bueno! conocerás muchas historias…

JM: Pues sí, esta semana pasada he vivido esta experiencia. Te la cuento:

El chico se llama Yusuf, sueña con volver a su país de origen, no quiere sufrir más.  Su padre, Baboucar quiso llegar a España, pero se quedó sin dinero en Mauritania y tuvo que empezar a trabajar como albañil para poder vivir. Aún no ha llegado donde su hijo, ni llegará. Este chico está solo y viene a clase para aprender el español, exigencia esencial para arreglar “los papeles” en este país.

La clase comienza a las diez, pero él a partir de un tiempo todos los días viene a las nueve y media, cuando la profesora está preparando algunas cosas antes de que lleguen los alumnos: el ordenador, el proyector etc. etc. todo a punto porque la técnica facilita mucho la explicación de la profesora y mejora la comprensión de los alumnos. Yusuf colabora y ayuda.Todas las mañanas, cuando llega, le dice la profesora:

—¡Buenos días”! ¿Qué tal has descansado? ¿Has desayunado?

Él responde:

—Profe, no te entiendo todas las preguntas. —Y repite—. Desay, desayu… Yo no entender esa palabra.

Y la profesora, haciendo un gesto con la mano en dirección a la boca le dice:

—Comer.

—Oh, ¡yakul en mi país! Yo comer un poco, un vaso de leche y pan.

—Bueno, no está mal para empezar el día. —responde la profesora.

Así, este ritual se va repitiendo casi todos los días hasta que un lunes Yusuf se acerca y suelta una frase que deja pensativa a la profesora; —Yo no soy menor de edad; yo tengo un hijo y esposa en mi país. No soy menor de edad…

Ahora soy yo la que no te entiende Yusuf.

—¿Por qué dices que no eres menor de edad?

—Mi historia es larga. Escúchame por favor: Mi familia es grande y pobre. Somos ocho hermanos y mi padre albañil no ganaba lo suficiente para darnos de comer y por eso yo decidí salir de mi país para solucionar este problema.»Primero recorrí un montón de kilómetros desde Mauritania a Marruecos gastando algún dinero que tenía ahorrado. En Nador (Marruecos) no tenía dinero para seguir el viaje y por eso cuando vi un camión tráiler que venía para España hasta Almería me metí debajo agarrándome fuertemente a los hierros y permanecí silenciosamente hasta que arrancase …”

»Para mi sorpresa el camión se metió en un ferry de mercancías, la oscuridad y un olor metálico raro era todo lo que percibía. Mi corazón latía sin saber cómo iba a terminar todo. El trayecto fue terrible, como si me hubiese enterrado en una tumba…

»Se oyen nuevamente ruidos y la luz del sol comenzó a iluminar mi tumba. Me escondí más, me pegué a los hierros y el humo del tubo de escape me asfixiaba.

»El chofer arrancó de nuevo, y del puerto de Almería, por la N 340, en poco tiempo llegó a Almería capital; el viento y las curvas casi me desprendían y me tiraban al suelo. En mi interior le pedí a Alá que me protegiese y así llegué deshidratado, sucio, mareado… Dejé que el chofer del camión se marchara y después sigilosamente me despegué del camión.

»Permanecí un tiempo tirado en el suelo descansando hasta que el corazón dejó de latir aceleradamente. Internamente repetía: “La ilaha illa Allah Muhammadun rasulu Allah» (No hay más Dios que Alá, y Mahoma es su profeta).

»Salí del escondite y caminé mirando de reojo a derecha e izquierda y vi una placa que decía El Puche, (calle y barrio de Almería). Todo era extraño, sentí miedo; vi muchachos drogados y familias muy pobres como en mi país. Me pregunté ¿será esto España? Yo creía que aquí todos eran ricos, ¡Qué confusión”!

»De repente oigo cómo un coche frena a mi altura y me gritan: ¡Alto, somos la Policía! Hice un amago de escaparme, pero una mano me agarraba fuertemente del brazo”. “Vamos a la comisaría, quedas detenido”.

»Yo lloraba pensando en mi familia, en mi hijo y esposa, mis hermanos y madre que quedaron en mi país.

»Pronto vino un señor vestido con bata blanca y me invitó a pasar a su consulta: “Debo examinarte para ver qué edad tienes, porque me dicen que no tienes documentación (papeles)”. “No, no, yo no tener papeles”, contesté.

»Me pidió que me desnudara, sentí vergüenza, mucha vergüenza… Fueron momentos humillantes para mí, desde los dientes, muñeca, testículos…

»!Soy menor de edad, o sea menor de dieciocho años. Por las leyes de este país soy un MENA”.

»El médico hablaba con su ayudante y le decía: “Tengo duda, pero en la duda prefiero confundirme a su favor. Le mandamos a protección y tutela”.

»Soy un MENA con 22 años y con esposa y un hijo en mi país….

 

La profesora queda atónita, no sabe de leyes y va a dirección y cuenta lo sucedido. Y la coordinadora, que normalmente es paciente, se puso en jarras y con voz firme le dice:

—Dile que ha tenido mucha suerte porque de lo contrario ya estaba en su país.

Suavemente le transmitió el mensaje…Yusuf bajó la cabeza y lloró amargamente. Susurró: “Nadie me comprende”. “Nadie sabe mi vida ni mis cosas”.

Al día siguiente el muchacho no volvió a clase, había desaparecido.

Juana Mary Santesteban
Imagen creada con IA