«Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría y paz en la fe, para que abunden en la esperanza por la fuerza del Espíritu Santo».  (Romanos 15, 13)

Señor de la Vida, hoy te pedimos con humildad y firmeza que alejes de nosotros la apatía, el desánimo y la terrible indiferencia. Ante catástrofes como los incendios forestales, el terremoto de Venezuela o las múltiples guerras, que nos duelen profundamente, te rogamos que despiertes en nosotros una verdadera cultura del cuidado de la vida, de la naturaleza y de nuestra tierra más cercana. Concédenos ser civilizados, educados y solidarios para proteger lo que es de todos y evitar grandes tragedias, asumiendo la responsabilidad por los que habitamos hoy el planeta y por las generaciones que vendrán.

Cuando el agua de nuestros arroyos parezca secarse, cuando nos abrume el cansancio o los días grises, danos la fortaleza para no perder la fe y recordar que Aquel que hizo brotar la fuente desde la roca viva puede hacerla correr de nuevo. Ayúdanos a mantener los ojos fijos en el cielo del Amado y a seguir cavando nuestro pozo, sabiendo que el agua de tu Espíritu aguarda para abrazar nuestra sed.

“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7, 37-38).

Te pedimos que las heridas del mundo no nos endurezcan, sino que se conviertan en el lugar idóneo para arrodillarnos y rezar, encontrando en la dificultad la medicina necesaria para levantarnos. Que sepamos asumir la esperanza no como un deseo pasajero, sino como un compromiso profundo, un faro inextinguible y un valiente acto de rebeldía comunitaria y resistencia para no soltar jamás la posibilidad de un mundo más justo, más humano y más digno.

¡Porque sabemos que después de la oscuridad sale el sol de la mañana y que la esperanza es la puerta que nunca se cierra!

Salmo de Alabanza y Acción de Gracias por la Fiesta de la Tierra. (Experiencia de la Escola Vedruna Ángels)

¡Alabamos al Creador en medio de la gran ciudad, cantamos su gracia en las plazas donde late la vida! Damos gracias por es lluvia de febrero que refresca el asfalto, y por las paredes blancas que cobijan el ruido y la alegría de las personas.

Bendito seas, Señor de la Vida, por los rincones discretos de nuestros barrios, donde florecen el olivo, el naranjo, el limonero y las moreras.  ¡Te damos gracias, Oh Dios, ¡por la Escuela Vedruna Àngels! Porque en su pequeño patio resuenan las risas de la infancia. Alabamos tu nombre por la valentía de detener el tiempo, cuando niños, jóvenes y docentes se unen con un solo corazón.

La Fiesta de la Tierra es un canto de esperanza, un clamor que busca hacer de nuestro mundo un hogar más amable. Bendito seas por sembrar sensibilización y justicia en el barrio del Raval, y por guiar nuestros centros educativos hacia comunidades sostenibles.

Damos gracias por el coraje de mirar de frente la realidad, por hablar con rigor, respeto y ternura de la vivienda digna. Gracias por el carisma educativo Vedruna, que iluminan la tarea de educar, y por la red comunitaria de “Tot Raval” que nos une como hermanas y hermanos.

Alabamos la sabiduría compartida que rompe las distancias, desde los más pequeños hasta los adolescentes que aprenden a cooperar.

Gracias por las bibliotecas de las cosas y los sindicatos que defienden al humilde, porque en cada charla y en cada espacio cívico se siembra la esperanza y la equidad. Gracias, Señor, por abrir los ojos de las familias y de los jóvenes, para que sean ciudadanos conscientes, críticos y responsables, y cada vez más humanos.

No callaremos ante la necesidad de nuestro prójimo, porque abordar lo difícil es el camino de la verdadera dignidad. Del Derecho a una vivienda digna, al hogar que todo ser humano anhela tener.

¡Que tu bendición permanezca sobre esta escuela y su Comunidad Educativa! Que sigamos cuidando de la Tierra, nuestra única casa, y construyendo ciudades donde reine la paz, la justicia y el amor. ¡Aleluya!¡Amén!

REFLEXIÓN

EL VUELO DEL COLIBRÍ- (Leyenda de origen quechua/andino)

Un día, un gran incendio se desató en la selva. Las llamas eran devastadoras, gigantescas, y devoraban todo a su paso. Aterrorizados, todos los animales huían del fuego. El jaguar, el elefante, el tapir y el oso corrían sin mirar atrás, buscando salvar sus vidas. Al llegar a la orilla de un gran río, se detuvieron y se quedaron contemplando la destrucción, paralizados por el miedo y la impotencia. De repente, el jaguar vio pasar sobre su cabeza a un pequeño colibrí. El diminuto pájaro volaba a toda velocidad hacia el fuego. Segundos después, regresaba hacia el río, y luego volvía a volar hacia las llamas. El jaguar lo observó con atención durante varios viajes y se dio cuenta de lo que hacía: el colibrí recogía una sola gota de agua en su pico, volaba sobre el incendio, la dejaba caer y regresaba al río a buscar otra.

El jaguar, desconcertado, le gritó al verlo pasar de nuevo: —¡Eh, colibrí! ¿Te has vuelto loco? ¿Qué crees que estás haciendo? ¿De verdad piensas que vas a apagar ese terrible incendio tú solo con esa diminuta gota de agua?

El colibrí se detuvo un instante en el aire, lo miró fijamente y, con total serenidad, le respondió:

«Sé muy bien que yo solo no puedo apagarlo. Pero yo estoy haciendo mi parte».

Y sin perder un segundo, voló de regreso al río por otra gota de agua.

SILENCIO- REFLEXIÓN- COMPARTIR

Meditación Personal: Reflexiona en silencio sobre estas tres preguntas, luego si alguien quiere, se pueden compartir.

  • El incendio: ¿Cuáles son los «incendios» (ambientales, sociales o familiares) que hoy me preocupan o me hacen sentir impotente como al jaguar?
  • La huida: ¿En qué momentos actúo como los otros animales, paralizado por el miedo, la indiferencia o pensando que «mi esfuerzo no sirve de nada»?
  • Mi gota: ¿Cuál es esa pequeña “gota de agua” concreta que yo sí puedo aportar hoy en mi entorno para cuidar la Vida y la Creación?
  • ¿Qué te ha suscitado la experiencia de la Comunidad Educativa de Vedruna Ángels?

 

Canción: Alma Misionera – Kayrós (2017)[1]

Señor, toma mi vida nueva antes de que la espera, desgaste años en mí. Estoy dispuesto a lo que sea, no importa lo que sea, Tú llámame a servir.
Llévame donde los hombres, necesiten tus palabras. Necesiten tus ganas de vivir. Donde falte la esperanza, donde falte la alegría, simplemente por no saber de ti.

Te doy mi corazón sincero, para gritar sin miedo, lo hermosos que es tu amor. Señor, tengo alma misionera, condúceme a la tierra, que tenga sed de Dios.
Llévame donde los hombres, necesiten tus palabras…

 Y así, en marcha iré cantando, por pueblos predicando, tu grandeza Señor. Tendré mis brazos sin cansancio, tu historia entre mis labios, Tu historia entre mis labios y fuerza en la oración.
Llévame donde los hombres, necesiten tus palabras…

Oración final: Gracias, Dios Padre-Madre, por mirarnos siempre con ojos de ternura y por sostenernos en nuestro caminar. Te agradecemos de corazón tu infinita paciencia y la confianza que depositas en nosotras/os, esperando con amor nuestra evolución hacia esa humanidad que Tú quieres que seamos. Ayúdanos a honrar esa confianza cada día, creciendo como verdaderos cuidadores de tu Creación y custodios de toda Vida. Que la paz permanezca en nuestros corazones y se traduzca en gestos de amor y respeto por todo lo creado. Amen.